Azul el “Latino”, con algo de verde (+ Audios)

24 marzo, 2016 at 8:56 pm 2 comentarios


20160322_115351

La primera vez que –como el martes- olió a nuevo el estadio del Cerro, ondeaba la bandera de los Elefantes de Cienfuegos como campeones del pennant de la temporada anterior, la de 1945-1946. El simbolismo copaba la escena, como en la fecha reciente: el adiós a “La Tropical” con el estreno de esta sede proponía el inicio de una nueva época para el béisbol cubano; LuisTiantSr.y la presencia de un equipo de la MLB, su alta gerencia, figuras de leyenda y el mismísimo presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, parecieran encauzar por la misma línea ahora.

Llovió en La Habana en la previa del esperado juego, en aquel ayer y antes del martes en cuestión. Y quiso la coincidencia, causalidad o destino que estuvieran los Tiant sobre el ruedo, en diferentes generaciones; pero lanzando, vestidos de verde y negro.

Poco conoce la afición cubana del Luis Clemente Tiant que compartió con Pedro Luis Lazo el montículo antecediendo a la orden de ¡play ball! en el encuentro entre el Tampa Bay y la selección nacional. Si su trayectoria pudiera resumirse en un inning, pues trasciende como el más célebre de los cubanos que brillaron en las Mayores después de 1959.

El tiempo distancia otro tanto los recuerdos del padre Tiant, zurdo, quien actuó en la Isla y en las Ligas Independientes de Color de los Estados Unidos. Por simpatía nos llega, cual breve resumen, su condición de pieza invaluable para el título de los paquidermos hace ya 70 años, respaldado por el esfuerzo de otros grandes como Adrián Zabala, Martín Dihigo, Salvatore Maglie y Jimmy Roy.

De nuevo por la cuerda de las “casualidades”, fue el rival el que conectó el primer jonrón, con traje azul, amén del notable cambio de intensidad entre las chamarras del Tampa Bay en la actualidad y las del Almendares de entonces. Y en ambos momentos perdieron mis favoritos, con solo una anotación a su cuenta.

LO QUE NOS UNE

ReyCD_2016_03_22_1209Cuando se habla de los lazos culturales entre Cuba y los Estados Unidos, el béisbol conecta el primer indiscutible. Lo trajeron jóvenes que estudiaban en academias norteamericanas, allá por la hoy lejana segunda mitad del siglo XIX, y el proceso de apropiación e identificación a lo interno tardó muy poco.

Desde su llegada, la también llamada “pelota americana” no demoró en convertirse en un medio para distinguir entre criollos y españoles, cuando tales distinciones asumían un significado político. Todo lo referente a las prácticas deportivas de la metrópolis se asumían como bárbaras, toscas, antihigiénicas (corridas de toros, peleas de gallos); mientras el béisbol, más elegante, atlético y civilizado, nos acercaba a los vecinos de arriba, el principal referente de modernidad para la Isla desde entonces.

Devino así un importante resorte dentro de las luchas simbólicas y en la construcción de un imaginario nacionalista. Pero no solo contra España: la irrupción norteamericana iniciado el siglo XX y su absoluto control puso un nuevo escenario para la expresión de nuestra cubanía en conteo completo.

Se admiraba a los vecinos, poseedores de la mejor de liga –desde siempre- pero teníamos el orgullo de tener la segunda, en calidad y antigüedad, tras la de ellos. Y cuando algún simbólico duelo las enfrentaba, como aquel acontecido en La Habana en 1920 que retó a Babe Ruth y al cienfueguero Cristóbal Torriente, los principales sluggers de ambas partes, las expectativas crecieron a niveles insospechados. Y estas alcanzaron el nivel de mito cuando Torriente conectó tres jonrones y un doble mientras el Bambino no consiguió darle ni una sola vez a la pelota ese día.

Cuando atletas de la talla de José de la Caridad Méndez, Torriente, Martín Dihigo o Adolfo Luque (por solo mencionar algunos) eran capaces de imponerse a equipos o dentro de los equipos de las Ligas Mayores de los Estados Unidos, había fiesta nacional. Porque dichos éxitos, ya fuera desde lo individual o colectivo, representaban un desafío de los criollos al vecino norteño en medio de una difícil situación económica y de dependencia política del país.

O ya por 1947, cuando el Pacto entre ambas Ligas trajo beneficios en lo económico para la nuestra; pero impuso la presencia de jugadores norteamericanos en detrimento de los locales, con la consabida diferencia en la entrega por la camiseta, otra vez la bronca llevó al clímax las cuestiones de orgullo y nacionalismo. La admiración para con los de arriba nunca cedió; pero aquello de “lo mío primero” nos antecede en décadas.

La nuestra, sobre un terreno, ha sido desde siempre una relación amor-odio cuando de los Estados Unidos se trata … Dinámica y compleja, como cualquier partido que se precie de serlo; como la pelota en su naturaleza misma.

EL JUEGO DEL MARTES

No estaba a repletar el Latino, como pudiera esperarse para un duelo como este. Por supuesto, el tema invitaciones racionó el acceso y las regulaciones de las tres partes (la cubana, la de MLB y la del presidente Obama), establecieron pautas poco habituales en este escenario. Estaba lleno el Latino; pero todavía aguantaba su remozada estructura.

Así estuvo desde cerca de dos horas antes de iniciar el partido, coros de un lado y de otro o tarareando aquel estribillo de Adalberto Álvarez de “pedir pa’ti, lo mismo que tú pa’mí”, aunque no funcionara con la pelota: entre un tú y un favorito siempre se inclina la balanza y por ganar apostaba la afición, aun cuando el visitante tuviera las mejores papeletas en el choque.

Otros detalles te sacaban de contexto: hombres de negro, gafas oscuras y cablecitos tras la oreja asemejaban una versión criolla de los comandos de Hollywood. Atentos a todos, menos a los jugadores, era imposible no reparar en ellos en franco contraste con el verde de fondo.

Toda la indumentaria de la MLB para la práctica de los Tampa Bays, una grama perfectamente uniforme y delineada tampoco parecía normal. Solo te devolvía al escenario el alboroto en las gradas y la pizarra humana en el jardín central –muy nuestro, sin dudas- sellando un hito de complacencia por cuán bien quedó, estética y estructuralmente, el Latino para la ocasión.

Muy cerca, en los primeros palcos, estaban Dereck Jeter y otros consagrados de Las Mayores. La multitud expectante seguía sus movimientos, aunque la cercanía resultara una misión imposible por todo el dispositivo de seguridad en torno a ellos. Pero pisó Jeter un estadio cubano y lo vimos, contará después la historia, que por suerte no reparará en los metros de distancia y de alguna forma justificaremos la ausencia de la foto.

Un poco más cerca, entre los nuestros, estaban Antonio Muñoz y Pedro José Rodríguez y otras tantas glorias del movimiento deportivo allí invitadas. Adiel Palma estuvo desde el día antes, junto a otros contemporáneos llamados a la clínica celebrada antes.

Pedro José Rodríguez
Ir a descargar

Antonio Muñoz
Ir a descargar

A Obama y a Raúl se les recibió de pie, con el respeto que demandaba la situación y a pesar del cansancio de varios minutos sobre puntillas, de falsa alarma tras falsa alarma con motivo de su entrada. Volvieron los coros, redoblaron los aplausos y parecía un tsunami la ola que arrasó el graderío y llevó consigo a ambos presidentes, a la Primera dama de los Estados Unidos, sus hijas y toda su comitiva. De hecho, Michelle y las muchachas repitieron en cuanta marejada pasó por su orilla.

Lo del juego ya fue una sentencia anunciada, aunque el entusiasmo local alargara las esperanzas, máxime cuando dos industrialistas (Rudy y Torriente) encendieran la chispa a dos outs del cierre. Ni los visitantes tomaron tan en serio la victoria, ni la selección cubana está a ese nivel, otro motivo para no quedarnos con el desenlace como un definitivo medidor. Son distancias importantes, justo tenerlo en consideración, aunque a la larga resultó un buen espectáculo y el estrecho margen de la derrota (4×1) dejó un mejor sabor al cierre.

No fue este un desafío de carreras, sino de mensajes… Quizá por ello una paloma insistió en permanecer sobre el terreno, entre el infield y la zona del jardín derecho, sin que jugadores, conexiones o árbitros consiguieran espantarla.

Entry filed under: Identidad. Tags: .

En Cienfuegos: antes se jugaba pelota… Provincial de Béisbol en Cienfuegos: semifinales, con el otro pulmón (+ Audios)

2 comentarios Add your own

  • 1. Pablo Alfonso  |  25 marzo, 2016 a las 7:30 pm

    Felicidades por ese premio de periodismo deportivo.!

    Me gusta

    Responder
    • 2. elelefanteverde  |  26 marzo, 2016 a las 3:27 am

      Muchísimas gracias, saludos

      Me gusta

      Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Trackback this post  |  Subscribe to the comments via RSS Feed


Darilys Reyes Sánchez

Traducir esta página

English Russian Italiano Deutsch Français Portuguese Chino Japones Arabe Noruego Corea Polonia

Entradas recientes

Archivo

Categorías

Sígueme en Facebook

Galerías en Flickr

Más fotos

Recibe por correo elctrónico las actualizaciones más recientes

Únete a otros 4.540 seguidores

Estadísticas

  • 103,780 hits

Contador de visitas

free counters
marzo 2016
L M X J V S D
« Feb   Abr »
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031  

A %d blogueros les gusta esto: