Entre los Elefantes de Cienfuegos: Silvio García y la barrera del color

30 abril, 2015 at 6:29 pm 2 comentarios


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 Por: Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga vía @cubadebate
“Bonachón, dicharachero  y desinteresado, ayudaba como ningún otro a los que se iniciaban en el deporte”. Asdrúbal Baró

Le llamaron Cuba Libre y a estas alturas el cronista desconoce si por degustar el criollísimo trago de ron y Coca-Cola, o por defender a su patria y a los de su estirpe en todos los confines donde lució su estatura beisbolera; prefiero esta última.

De tez bien oscura, sonrisa amplia y dentadura perfecta, quizás sea el pelotero cubano a quien más se le debe. Según testimonios de fuentes fidedignas, pudo romper la barrera racial en las Grandes Ligas; no lo logró. Debe tener su placa bronceada en Cooperstown; no la tiene. Ni siquiera aparece en el Salón de la Fama del Béisbol Cubano. Así de ingrata ha llegado la posteridad a quien en vida lo mereció todo y en el infinito se codea con lo que más brilló en los diamantes.

Los tiempos no han hecho justicia con este pelotero todo terreno o, si el lector lo prefiere, de cinco herramientas. Jugaba como si en ello le fuera la propia existencia. Velocidad de felino, brazo como cañón de cien milímetros, manos prodigiosas hacia delante, a los lados y atrás, con la capacidad de cubrir mucho terreno; segundo de nadie con el madero y, para colmo, un lanzador supersónico.

Silvio García nació en el pueblo de Limonar, provincia de Matanzas, el 11 de octubre de 1914 y falleció en La Habana, sumido en el olvido, el 30 de agosto de 1977. En su mejor momento, tuvo un envidiable somatotipo de 5 pies, 11 pulgadas y alrededor de las 190 libras de peso. Nadie lucía mejor el uniforme.

Por la fortaleza del brazo lo convirtieron en lanzador, y lo hizo bien, pero su andar se circunscribió más a la defensa del cuadro, en especial el campo corto. Cuentan que fue capaz de echarse un equipo encima, como sucedió con el Cienfuegos de 1950-1951. Así se recordaría en un artículo sobre el lanzador norteamericano Thomas Fine.

Pero la labor de Silvio García no solo consistió en el ataque, porque su gran defensa, realizando magníficas jugadas, le valió numerosos aplausos, a pesar de que en ocasiones tuvo que atrapar bolas casi en el centro del short. Silvio García jugó admirablemente y cooperó con que los cienfuegueros se crecieran para anotarse el triunfo que les mantiene marcando el paso en la jornada invernal de 1949-1950.[1]

No se cansó de batear yfildear pelotas con elegancia. Como su amigo Orestes Miñoso, conectaba más hacia el ángulo contrario. Comenzó amateur libre en 1931, con los equipos Aevos y San Juan de Dios,junto a su hermano Rubén.De allí pasó a una liga semiprofesional, donde jugó para los Toros de Paredes, Marianao y el Regimiento 6 de Columbia. Poco después se convertiría en un imprescindible de la Liga Profesional Cubana,donde Rubén solo estaría cuatro campañas. No es ocioso recordar que a los hombres con el color de su piel les estaba vedada la poderosa Liga Nacional Amateur. Los caminos de los negros: amateur libre, semiprofesionales y el profesionalismo.

Pronto sería un jugador rentado.Participó en diecinueve temporadas de la Liga Profesional Cubana y en un torneo independiente, entre los años 1931 y 1954, con los equipos Habana, Marianao, Almendares, Santa Clara, Cienfuegos y el Matanzas del torneo independiente de la Liga de la Federación (1946-1947),donde actuó como manager-jugador y se proclamó campeón, con balance de 20-18 (.526).

El 19 de enero de 1941 participó, defendiendo la segunda almohadilla y cuarto bate delos Leopardos deSanta Clara, en el juego más corto en la historia de la Liga Profesional Cubana: 1 hora y 9 minutos, contra el Cienfuegos, desafío ganado por los Verdes, con el venezolano Vidal López en la lomita, frente a René Monteagudo (1 x 0). Asimismo, encabezó la alineación del Marianao en el primer desafío con luces, celebrado en el Estadio La Tropical, el 21 de diciembre de 1937, contra el Almendares.

También integró la Selección Cubana que el 7 de marzo de 1942 enfrentó, en la tradicional Serie Americana, a los BrooklynDodgers, que contaban entre otros estelares, con el torpedero Pee Wee Reese. En ese juego Silvio ocupó el cuarto turno y defendió el campo corto, con 2 hits en 5 veces al bate.

Por su desempeño solía ocupar la atención de la prensa. En su época nadie dudó que fuera el mejor defensor del campo corto, y más allá.Entre los días 9 y 15 del mes de octubre de 1946, integró un equipo llamado Cuba con figuras de la Liga Profesional, conformado para enfrentar a las Estrellas Americanas de Grandes Ligas, en el Estadio La Tropical.Fue un intento de Julio Blanco Herrera, dueño de la Cerveceríade igual nombre, por mantener la publicidad para dicha instalación, a solo unos días de inaugurarse el Gran Stadium de La Habana, hoy Latinoamericano. El día 9 Silvio jugó el campo corto y ocupó el quinto turno, para conectar de 4-1;obtendría el mismo resultado un día después.

En 1952 integró los Havana Cubans de la Liga Internacional, donde rompió la barrera del color en ese circuito, junto al almendarista Ángel Scull y el norteamericano George Handy. Allí, en 114 desafíos y 428 veces al bate, conectó 121 hits, para average de .283, con 45 anotadas, 40 impulsadas, 22 dobles, 3 jonrones y 9 bases robadas.

Participó en las Ligas Independientes de Color, o Ligas Negras norteamericanas, entre 1940 y 1947, con los siguientes equipos: Cuban Stars (1940) y New York Cubans, propiedad de Alejandro Pompez (1946 y 1947).

Comenzó su carrera como lanzador, con un brazo poderosísimo, pero estuvo en la banca esperando una oportunidad. Ya en los tres primeros años de su carrera continuó lanzando y alcanzó buenos resultados en el béisbol de la Isla, incluido un balance de 10-2 en 1936-1937, con el Marianao. En las Ligas Negras, como jugador de cuadro con el New York Cubans de 1946 y 1947, promedió .329 y .324 respectivamente y fue electo al Juego de las Estrellas en cada torneo. En 1947 jugó un papel determinante en la victoria de los New York Cubans en la Serie Mundial, sobre el Cleveland Buckeyes. Fue un jugador completo: veloz, bueno a la defensa, excelente bateador de promedio y de buen poder al bate, sobre todo hacia la zona del right field.[2]

Tom Lasorda, el zurdo norteamericano que lanzó con el Almendares de los años cincuenta y como manager sería elevado al Salón de Cooperstown, afirmó que Silvio fue uno de los mejores bateadores de siempre, por encima de muchos en las Grandes Ligas. Para Alejando Pompez fue el mejor jugador de las Ligas Negras.

Algunos historiadores -otros lo niegan por la escasez de documentos históricos- han destacado que pudo ser el primer negro y primer latino en las Grandes Ligas, pues habría recibido la oferta de Branch Rickey, dueño de los Brooklyn Dodgers, la que desechó cuando le hablaron de soportar seguras humillaciones. Recordemos que los honores recayeron en Jackie Robinson (1947) y Minnie Miñoso (1949).

El cubano Silvio García tuvo que ser un pelotero excepcional para que Branch Rickey lo tomara en cuenta como aspirante a romper la línea de color en el béisbol de las Grandes Ligas. Ese relato, escuchado en boca de mi padre cuando niño, siempre llamó mi atención; y la admiración hacia ese compatriota se acrecentó al conocer su respuesta sobre qué haría si alguien apelaba a la pigmentación de su piel para humillarlo. “¡Lo mato!”, dijo el pelotero airado, por lo que se esfumaron sus posibles opciones para acceder a las Mayores. Haya sido apócrifa o real esa historia, lo cierto es que ese jugador tejió una excelsa hoja de servicios a lo largo de su carrera deportiva.[3]

Aunque tal historia sea parte de la leyenda, no es menos cierto que hubo conversaciones a puertas abiertas o cerradas, pues las condiciones del cubano, más la época histórica que le tocó vivir, no dejan margen a dudas. Sencillamente, no tenía émulos en su posición. Quizás no haya sido el mejor, con el tiempo todo o casi todo se duda, pero más difícil sería encontrar a otro que reuniera tantas cualidades. Muchos hubo antes y después: Anguilla Bustamante, Alfredo Pájaro Cabrera, Willie Miranda, Joe Valdivieso, Humberto Fernández, Rodolfo Puente, Germán Mesa, Giraldo González, Eduardo Paret… todos estelares a la sombra de Silvio. Así va surcando el espacio.

La versión del bien documentado Ángel Torres, puede acercarnos definitivamente al asunto, o al menos profundizar el debate:

Silvio fue uno de los mejores y es un hecho histórico, que Branch Rickey lo escogió para que rompiera la barrera racial en la pelota organizada. Pero su edad, el idioma y su temperamento latino, que le impedía aceptar los insultos a los que sería sometido, fueron factores determinantes en su contra.Esto me lo contó Al Campanis, exgerente general de los Dodgers, quien sabía muy bien de todo lo relacionado con el asunto. Finalmente Rickey se decidió por Jackie Robinson y el resto es historia. Sin embargo, jugando para los Havana Cubans, derribó la valla racial en la Liga Internacional de la Florida, el 9 de abril de 1952, junto a su compatriota Ángel Scull y al norteamericano George Handy, del Miami Beach.[4]

Por esa época había prendido, en una buena parte de la fanaticada norteña, la necesidad de integrar el béisbol con negros, chinos, judíos y otras denominaciones.Imposible continuar el desdén ante tantas virtudes como las que demostrabanJosh Gibson, Satchel Paige u Oscar Charleston, entre muchos. Mas la vista se fue extrafronteras, quizás para entorpecer el accionar racista, y del mismísimo Ku Klux Klan.

Fue así como Rickey envío a varios de sus scouts a buscar jugadores latinos talentosos de la raza negra, preferentemente mulatos. No olvidemos que, años atrás, los cubanos Roberto Tarzán Estalella, a quien por esas tierras apodarían Bobby, y Tomás de la Cruz, mestizos de “pelo bueno” y facciones dudosas, se habían desempeñado en las Grandes Ligas, sin mayores contratiempos.

Los scouts le trajeron a Rickey al pitcher cubano Silvio García, cuyo talento había emocionado tanto a Leo Durocher. García no cumplió con las normas de conducta de Rickey. Era el deseo de Rickey que el primer jugador de color de Ligas Mayores fuera alguien que pudiera soportar los esperados insultos y quedarse callado. Pero cuando entrevistó a García y le preguntó: “¿Qué harías si un norteamericano blanco te diera una cachetada?”, el orgulloso cubano respondió: “Lo mato”.[5]

Silvio se mantuvo siete campañas en la Liga Mexicana, entre los años 1938 y 1948, donde promedió .335, con 52 jonrones. Allí ganó 10 juegos, con solo dos perdidos. En 1939-1940 se fue a jugar a Puerto Rico y no lo hizo en su país. En 1953, ya veterano, jugó para las Águilas Cibaeñas de República Dominicana, donde alcanzó un formidable promedio de .393.Se había desempeñado en lavenezolana Liga de Maracaibo, con el Pastora (1937) y el Centauros (1939-1940), así como en la de Caracas, con el Valdés (1939) y el Venezuela (1940). En 1954-1955 lo hizo para el Gavilanes, de la Liga Occidental Zuliana.

Cuentan que en los pocos ratos de ocio, se dedicaba a enaltecer las virtudes del prójimo y, en mayor medida, a las actividades filantrópicas. A menudo se le veía en un hospital de niños, en Las Ánimas para leprosos y donde sus buenos oficios pudieran aliviar en algo la existencia de los humildes, los humillados por la vida y la gente discapacitada;mérito mayor. Después del retiro, trabajó en la cervecería La Polar, de La Habana, ciudad donde echó sus últimos días para entrar en el más allá.

No es ocioso repetir que por su limpia y trascendente carrera, debió ser exaltado al Salón de la Fama de Cooperstown, por el Comité de las Ligas Negras, junto a Dihigo, Torriente y Méndez, pero la justicia no se hizo, como sucedería con Alejandro Oms, y tantos otros.También merece ingresar, más temprano que tarde, en el refundado Salón de la Fama del Béisbol Cubano, que reabrió sus puertas en noviembre de 2014. Sin embargo, fue electo al Salón de la Fama Cubano, con sede en los Estados Unidos.

Ninguno brilló por encima de este matancero. La vida dirá.

A continuación sus resultados:

Liga Profesional Cubana:(A la ofensiva)

VB         H       AVE      CA          CI         2B        3B         HR         BR

3328

946

.284

439

376

128

44

26

105

 

Récords:

-En seis temporadas conectó sobre los .300.

-Segundo en veces al bate (3328), hits (946) y dobles (128).

-Tercero en anotadas (439) y empatado en triples (44).

-Quinto en temporadas jugadas (20).

-Sexto en impulsadas (376) y en bases robadas (105).

-Encabezó las bases robadas en dos torneos: 1950-1951 (17) y en el torneo independiente de 1946-1947 (23).

-Al frente en hits dos años: 1941-1942 (60) y 1946-1947, del torneo independiente (55).

-Dos lideratos de los bateadores: 1941-1942 (.351) y 1950-1951 (.347).

-1950-1951: Electo en el All Stars y como el Jugador Más Útil, empatado en votos con Adrián Zabala.

-En 1940-1941 lideró los triples (5)empatado con Carlos Blanco, del Habana.

-Líder jonronero (4) en 1941-1942 y en anotadas (24).

(Como lanzador):

JL       JC        JG         JP      PROM    

39

20

13

12

.520

 

(Con documentación de Jorge Figueredo, Roberto González Echevarría, Rogelio Augusto Letusé La O, Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga, Asdrúbal Baró, Javier González y Carlos Figueroa, Ángel Torres, Félix Julio Alfonso López, Severo Nieto, James A. Riley, James D. Cockroft, Peter Bjarkman, Baseball-Reference.com; seamheads.com Negro Leagues-Data Base, Raúl Diez Muro, Jess Losada, René Molina, Juan Ealo, Sergio Varona, Carlos M. Brito Arencibia, Guías del Béisbol Cubano, Venezolano, Mexicano, Dominicano y de Puerto Rico, Michael M. Oleksak, Yasel Porto Gómez, Adonhay Villaverde Blanco, y otras fuentes).

Fuentes:

[1] Néstor de Lara: Dejó en cuatro hits a los Alacranes del Almendares. Periódico El País,viernes 27 de enero de 1950

[2] James A. Riley: TheBiographical Encyclopedia of the Negro Baseball Leagues. Carrol & Graf Publishers, Inc. New York 1994, p. 304.

[3]Rogelio Augusto Letusé La O: Aquí se habla de Grandes (segundo inning), Editorial José Martí, La Habana 2013, p. 73.

[4] Ángel Torres: El legado deportivo de Ángel Torres (La Biblia del Béisbol). Library of Congress Ref No TXu. Miami, Florida 2008, p. 265.

[5] James D. Cockroft: Latinos en el Béisbol. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana 2005, pp. 77-78.

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2 comentarios Add your own

  • 1. otto  |  30 abril, 2015 a las 9:04 pm

    me gusto mucho su trabajo de recopilacion historica sobre la vida de este excelente pelotero el cual murio en el olvido y sigue en el olvido, espero que esta publicacion sirva de algo para que esa comision de baseball de Cuba haga algo que valga la pena

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    • 2. elelefanteverde  |  8 mayo, 2015 a las 6:50 pm

      Gracias por el comentario, pero al artículo no es mío, lo tomé de Cubadebate porque Silvio García jugó con el club Cienfuegos en la década del 50, por eso me pareció justo traerlo a mi blog. De todas formas coincido con usted: es un trabajo de recopilación extraordinario. Saludos y gracias nuevamente

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