¿Usted vio correr a Ñico?

12 noviembre, 2014 at 6:48 pm Deja un comentario


Foto: Darilys/elelefanteverde.wordpress.comDe izquierda a derecha, Manolo Gallardo y Ñico Capote, con 83 y 80 años respectivamente, dos leyendas del atletismo en Guaos.

– “¿Usted trabaja para el periódico de Cienfuegos? ¿Y por qué no escribe la historia mía, para el pueblo?… ¡Si usted hiciera mi historia!”.

– Entonces cuente, lo escucho…

Celebraba su cumpleaños 80 y lo acompañaban sus vecinos en un onomástico organizado por el INDER y la familia. Solo en tales circunstancias aplicó en reverso la fórmula: un pueblo chiquito convertido en su paraíso grande. Además, si algo nunca falta con Ñico es un tema de conversación… Y digo Ñico, pues por Antonio Pedro Capote Vera muy pocos lo conocerán.

“A ver, piense: yo con 15 años jamás había visitado Cienfuegos, imagínese… Éramos 17 hermanos (10 hembras y siete varones) y teníamos una colonia por aquí cerca, a unos siete kilómetros. Para llegar hasta ella contábamos con unos caballos, un privilegio en aquella época y mientras ellos iban montados, yo corría a su lado. Me levantaba las patas del pantalón, el de trabajo y con zapatos y todo salía para allá.

“El primer día, cuando atravesé el pueblo, fue un asombro: ‘mira, Ñico está loco, está loco, mira, mira… ‘. Y ya en la colonia, si era tiempo muerto, me ponía a guataquear y chapear y si era tiempo de zafra, a cortar caña. Así estuve hasta que la situación se puso muy mala para mi papá en el gobierno de Grau y vendió la colonia.

“Entonces me fui a trabajar para la cantera de San Antón ¿usted la ha oído mentar? A sacar piedra. El mismo giro: por la mañana corriendo hasta la cantera, almorzaba allá y de regreso me tiraba la cantina en la espalda, en un jabuco regalo de mi mamá y terminaba el entrenamiento en un potrero cercano”.

Quienes lo vieron recuerdan como los domingos, su única jornada de descanso, corría hasta Cumanayagua y a la semana siguiente invertía la ruta hasta cerca de la Calzada de Dolores, o la tienda de Arimao.

“Hasta el 4 de septiembre, día de la Patrona Santa Bárbara de Guaos, en el año 1953. Ese fue un maratón muy grande. Lo preparó el jefe del puesto militar de aquí, en el otro gobierno. Vino un camión lleno de corredores, cada uno patrocinando en sus camisetas alguna casa en Cienfuegos. Fueron cinco kilómetros en total (según las referencias, desde Las cañas hasta frente a la Sociedad de color de Guaos).

Copia de SAM_9887“Aquí había un corredor muy famoso, el hombre más rápido de toda la zona, Manolo Gallardo, y le gané. Me costó, no crea, siempre andaba pisándome los talones. Después corrí la carrera Caonao –Cienfuegos, ¿usted la oyó mentar? Yo gané los dos últimos años, 58 y 59.

“¿Usted conoció en Cienfuegos al médico de apellido González Muñoz (Manolo)? Pues él era muy amigo de mi papá y me consiguió a Enrique Hidalgo como instructor, quien me compró las ropas adecuadas para las carreras: el short, la camiseta y hasta los tenis. Ya era un corredor y eso lo hizo él, como instructor”.

Los cambios sociales a partir del triunfo de enero de 1959 abrieron, aún más, el espectro de posibilidades para el talento de Ñico. Y a las nuevas oportunidades respondió con los mejores hábitos, pues hasta hoy presume de nunca llevar a su boca un cigarro, ni tomar café o consumir bebidas alcohólicas.

“En Cienfuegos hicieron una competencia y me escogieron para la preselección de los Centroamericanos de Jamaica ´62. Lo mío era el fondo, los 5 mil y 10 mil metros. (Luego quedó sexto en la versión de Puerto Rico ´66, con la reconocida hazaña del Cerro Pelado). Después solo participé en el maratón, como en Panamá ´70, donde por primera vez establecieron los 42 kilómetros. Allí cogí la medalla de plata, me ganó un mexicano, (Alfredo) Peñarrosa y fue por poquito, en la meta.

“Me llamaron al equipo grande para los Panamericanos (Ñico no recuerda con exactitud, mas debió tratarse de Colombia ´71). Nos llevaron a entrenar a Pinar del Río, oiga bien, en lomas y con la yerba a la cintura ¿usted sabe lo que es eso? El instructor de nosotros era checo y me quejé con él: no sabíamos qué había debajo y podíamos dar un mal paso. Y así fue: a los dos días metí el pie en un hueco y el tobillo se me inflamó. Entonces había un reglamento muy estricto y si uno salía del internado, lo sacaban del equipo. Y yo cometí la falta”.

De regreso a su tierra natal, fungió como instructor de atletismo en la EIDE por cerca de una década. Luego se acogió al retiro como operador de calderas en la Fábrica de Cemento, la otrora Carlos Marx.

“Ahora hago guardia en el merendero, tres días y descanso tres; pero no he dejado de correr: todos los días, por media hora más o menos y además hago ejercicios. El circuito es el mismo: aquí, el Prado y el callejón de al lado… Si no estuviera lleno de dolores y achaques, ¿usted cree que me mantuviera así? ¿Qué pasa muchacha?”.

Copia de SAM_9884La carrera Caonao- Cienfuegos, en el año 1957

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Darilys Reyes Sánchez

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