Francisco Cantero Cuesta: un manager para más de 68 entradas (parte I) (+ Vídeo)

7 septiembre, 2012 at 6:26 pm Deja un comentario


En coautoría con Lisandra Marene

Su vida -asegura- ha transcurrido dentro de una bola de béisbol. Y aún por estos días, a los 68 años, le da esos “alegrones” a la afición de Cienfuegos, entre roletazos, líneas y algún fly. Es que uno debe saber cuidar la segunda base; atrapar la esencia de una pasión; demostrar al resto de qué modo hacerlo siempre sobre el terreno… Así lo refiere Francisco Cantero Cuesta, profesor de Educación Física con tres décadas y media de experiencia, hoy entrenador de las categorías infantiles, allá por La Barrera.

El pelotero que fue, ¿cuánto le debe a esa infancia en áreas aledañas a La Juanita?

“Mucho. Todo se inició allí: por las mañanas iba a la escuela y, a continuación… De niño me ligué al béisbol. No hice otra cosa. Jugábamos cada tarde en los placeres cercanos a la Estación de Ferrocarril, por ejemplo. Por el antiguo Colegio de los Hermanos Maristas, nosotros mismos buscábamos las pelotas y formábamos equipos porque en aquel período no había entrenadores.

“A uno -recuerdo- le ‘pusimos’ Los Yanquis y, al otro, Los Campeones. Sábado tras sábado, donde radica la pista para patinaje, realizábamos un torneo de larga duración. Luego, un amigo me invitó a la Liga llamada ‘Los Cubanitos’. Un buen día fui y, en el ahora campo de fútbol Luis Pérez Lozano, me pusieron a lanzar casi en el primer inning, pues el lanzador se descontroló totalmente. Empecé a pitchear; no nos hicieron más carreras; y ganamos.

“Ya con once o doce años me invitaban a otros municipios. A los 15, hice una prueba en el equipo de Arizona. Consistía en un doble juego. Lo hice bien desde el principio, y el que cubría la segunda base nunca más cogió el guante. Me convertí en el dueño y señor de esa posición.

“En la primera categoría di mis pasos; aprendí de verdad (…) Nos inculcaron la disciplina y el significado de la labor conjunta”.

¡Hasta el triunfo de la Revolución! Entonces participó por primera ocasión en un evento organizado: el 1er Campeonato Nacional Juvenil de Béisbol (1960), efectuado en La Habana. Como miembro de Las Villas y, discutiendo contra Matanzas, ocupó la segunda posición. Tales victorias, a temprana edad, ¿en qué medida determinan el futuro?

“¡Tremendo juegazo! Creas la base (…) Además de ver mucho béisbol profesional, yo captaba muy bien los detalles.

“Después pude entrar en la segunda categoría. Me mantuve en el equipo del CV Deportivo por 15 o 16 años. Ganamos trece campeonatos regionales consecutivos. Me permitió llegar a mi primera Serie: la cuarta en el orden nacional. Salí de las filas juveniles y, sin serlo, me veía con los mayores.

“Arrastrábamos a la afición; nos seguía a dondequiera. El estadio se llenaba de gente pa’ vernos entrenar. Por eso nuestro respeto hacia el público. Practicábamos dos veces a la semana a partir de las 3:00 p.m. Salía del trabajo y me incorporaba (…) Hablo de una época dura. ¡Igual, desde mi niñez! Éramos siete hermanos. De pequeños, solo mi papá ganaba un salario y, mi mamá, ama de casa.

A continuación, en orden cronológico, “me uní a los ‘Orientales’ y permanecí en su selección dos años seguidos -alude Cantero. Cuando eso, se enfrentaban cuatro equipos, no 17 (…) De ahí a mi historia ganando con los Centrales -pues estuve la vez en que Aquino Abreu dio el not hit not run-; y junto a los Azucareros, entre el primer y tercer lugar.

“Debí esforzarme bastante, y superarme (…) Una vez, en la capital, entré al Latinoamericano. Se enfrentaban la Policía y el Psiquiátrico. Nunca había ido. Llegué y, al verlo, me hice el compromiso de pisarlo. En mi primera serie miré alrededor y dije: ‘lo cumplí’”.

Sin embargo, su intervención en series resultó corta: cinco años. Al respecto ha declarado: “Pude haber jugado más, pero mi economía no andaba bien. Ganaba poco. ¡Y tuve que pensar en mi futuro!”. ¿En extremo difícil la decisión de retirarse? Ubicado en la cima, quizás veía usted ese futuro por la segunda o tercera base…

“Sí, en el lapso del ’68 al ’69 dejé la práctica. ¡Nada fácil! Me encontraba en plenas facultades; aún hacía el ‘Azucareros’. Preguntaron las razones y alegué el dedicarme mejor a mi familia y pasar a la función de técnico. De allá a la fecha he estado vinculado directamente con la fase de preparación. Incluso antes. Al finalizar la serie iba al ‘Luis Pérez Lozano’ o a la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) para ayudar en las áreas. Hablo de los tiempos de Pedro José Rodríguez, Albertico Martínez, Pedro Jova y aquella constelación de atletas, quienes con posterioridad integraron el ‘Cuba’.

“Traía el ‘bichito’, la vocación para transmitir mi experiencia (…) Retirado, comencé con la categoría 13-14. Sucedió en el ’72 o ’73. Todavía se hablaba de la provincia Las Villas y teníamos una mitad de los muchachos aquí y la otra, 15-16, en la actual Santa Clara. Continué en ese rol por espacio de 20 años”.

Y el guía que ha sido, ¿dónde identifica su mayor logro?

“Competimos en catorce juegos nacionales escolares. ¡Yo, en calidad de director! Obteníamos el segundo o tercer lugar (…) Por mí pasaron no pocos de los que se convirtieron en figuras destacadas, estelares, y conformaron la nómina en representación del país. Cuento a Osvaldo Arias y Noelvis Entenza, de cuando me desempeñaba en Palmira; otros más recientes: Pavel Quesada y Edwin Vassel, salieron del proyecto de La Barrera”.

Antes, también se incluye Víctor Mesa. No en vano, si viene a la ciudad, le busca y lo presenta ante su gente. ¿Por qué cree actúa así?

“Fue mi alumno en la EIDE. Temprano destacó como un pelotero con mucho empuje; lo daba todo en el terreno. ¡Hasta jugamos juntos en un equipo de segunda categoría organizado por esa fecha! El ‘pase’ lo daban cada 21 días y él no se iba. Yo era casi un padre para Víctor. Me lo llevaba pa’ la casa; lo sacaba a pasear…

“Ahora me duele mucho si enfrenta a Cienfuegos, mi elenco; aunque, de pedirme algún consejo, se lo doy. Me dice lo llame a Matanzas al ver algún desafío por televisión, para comentarle mi parecer… Existe una gran amistad entre Víctor Mesa y yo”.

De cuantos -considera- lo formaron a usted, ¿referentes inmediatos?

“No olvido cuánto me obligaban a llegar temprano, y a no perder un minuto. Si bien no fui lanzador en mi etapa de atleta -cubría la segunda base-, le agradezco, por mencionar, a Pedrito Pérez, durante años entrenador de pitcheo del ‘Cuba’, muy serio él.

“¡Claro, antes existía mayor compenetración dirección-equipo, respeto, al margen de las salidas por ahí, unidos! Y, si nos ganaban, la merienda se quedaba en el dogout. Se llama vergüenza deportiva. Lo supe con ellos, incluidos los peloteros con quienes compartí.

“Por consiguiente, soy recto. Pido presten atención al profesor mientras explica. Enfatizo en la importancia de escuchar (…) A la par, tengo en cuenta cada detalle para la planificación de las clases” -una tarea de la cual, resalta, ya se ocupa en casa con vistas al próximo ciclo docente.

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Darilys Reyes Sánchez

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