Filosofía a prueba de yerros

13 junio, 2011 at 6:34 pm Deja un comentario


Fotos: Villalvilla

Cuando Pedro Águila Chacón accedió a la entrevista sólo pidió tiempo para preparase: precisas debían ser sus palabras al hablar del arbitraje, profesión por ejercicio y entrega, donde nada responde a casualidades.

Cerca de cuatro décadas de experiencia en ese quehacer, fungiendo juez nacional en todas las categorías del béisbol y del softbol rápido y lento, lo convierten a su retiro en una de las personas más escuchadas al respecto. Ahora, a los 77 años de edad, Águila escribe sus memorias con intenciones de trascender el mero registro personal:

“Sólo pretendo prolongar los conocimientos adquiridos durante tanto tiempo; las enseñanzas de consagrados umpires cubanos como Francisco Fernández, Humberto Vázquez López, Alfredo Paz, Juan Vives Vizcay, por mencionar algunos, quienes ameritan el reconocimiento de las nuevas generaciones”, explica.

Una reciente operación le exige un reposo casi absoluto de voz y por ello  archivó en tinta sus consideraciones para nuestro encuentro, aún al margen de las preguntas. Pero el silencio no acompaña a quien, con conocidos gestos, hizo estallar estadios y repitió cada línea de texto sin reparar en dolencias:

““Recordar es volver a vivir” – refiere al mostrar dos libretas escolares donde concentra pasión y obra. Aquí guardo fotografías de la actuación de dichas personalidades, jugadas complejas e incluso las estadísticas de mi primer partido como hombre detrás del plato, en el año 1965”.

Completan la muestra varios recortes de periódicos, omitidos por modestia, donde la prensa pronosticaba la causa de la actual entrevista: un notable desempeño en la grama de este cienfueguero, orgulloso de esas raíces que le atan por nacimiento a su pueblito San Fernando de Camarones.

“Históricas resultan las controversias sobre esta labor – asegura Águila. Nunca prevalecerá el consenso entre evaluador y evaluado. En la actualidad la televisión acrecienta las disyuntivas con transmisiones masivas, creando diferentes apreciaciones y criterios respecto a un suceso, sobre todo de ustedes los periodistas, pues somos su blanco en la mirilla”.

Siempre a favor del espectáculo deportivo, muy a tono con los recientes sucesos de la final beisbolera, “No podemos obviar las imágenes, ayudan a reaccionar; sin embargo, las cámaras recogen la secuencia completa y los jueces sólo un instante, el aquí y ahora: Ver, decidir, es la filosofía, no hay otro lenguaje. El método de apreciación visual existe en varias disciplinas, pero en esta tiene mayor dificultad por la velocidad de los lanzamientos y la corta distancia.

“En la pelota las jugadas carecen de frecuencia y por ello la memorización y agilidad también determinan: se puede ejercer durante años y no enfrentarse a ciertas experiencias, por ejemplo, nunca presencié un robo de home”, confiesa como anécdota en ese aparte.

“Con el tiempo los atletas le impregnaron al partido habilidades no concebidas inicialmente, las cuales escapan a la presteza del árbitro en un momento específico, he ahí la importancia de estar colocado en el lugar correcto para definir cualquier movimiento”. Pero otras situaciones, invariables en su concepto, persisten como polémicas de actualidad:

“Sobre la zona de strike son muchas las opiniones, inagotables los argumentos. Hoy muchos la consideran mal aplicada. La interpretación teórica resulta compleja y la ejecución más”.

La práctica como mejor criterio de la verdad, la consulta a la literatura sobre el tema, enriquecida con actualizaciones de Internet, le permiten a Pedro Águila “Algunas consideraciones para el trabajo de los árbitros en Cuba”, documento propuesto como manual instructivo por la dirección nacional de Reglas y Arbitrajes:

“En realidad es una sola, aunque susceptible a verse en dos formas: las denominadas Zona Reglamentada y Zona Efectiva, también conocida por dudosa. Si la bola acaricia al menos esta última, depende del cálculo humano la determinación. Todo transcurre a ojos vista, he ahí la causa de inconformidades, unidas a las controversias sobre la rotación de la Mizuno.

“El calor del juego influye: las tensiones, agotamiento, temores inherentes a los seres humanos también cuentan”, y como gestual promotor de exasperaciones de jugadores y aficionados, Águila conserva en su rostro la huella de los caldeados ánimos de un partido. Aún así se enorgullece de no ausentarse nunca a un encuentro para el que estuvo nombrado.

“Por cuestiones éticas no puedo enjuiciar la calidad del arbitraje en Cuba; pero siento por la profesión, veo como los demás… existe un gran progreso, mas la Federación Cubana de Béisbol necesita ganar en protagonismo. Su función debe superar lo administrativo, agotar todas las iniciativas en pos de responder a las expectativas.

“En los últimos tiempos las escuelas con estos fines cerraron y sólo se ofrecen cursos de iniciación o recalificación, sin lograr la especialización o la maestría. Hay que inspirar credibilidad, un clima de confianza entorno a quienes llevan sobre sí el peso de la ley en el mayor espectáculo deportivo del país. A pesar de los infortunios, los jueces cubanos gozan del reconocimiento mundial por su imparcialidad y conocimientos, un motivo más para vivir orgulloso de mi profesión.

“La faena es ardua: lleva años dominar el temperamento, educar el sistema emocional a tales exigencias. En otras profesiones los errores pasan calladitos, no así en la nuestra, y conscientes de posibles equivocaciones, sin exoneraciones ni disculpas, salen los hombres de gris al terreno”.

Pocas cosas quedaron por vivir a Águila sobre el diamante, pero “Me hubiese gustado oficiar una Serie Selectiva. No tuve suerte con eso; tampoco con los viajes al extranjero: estuve propuesto para varios y algo lo impedía.

“No me arrepiento de nada: siempre salí a ejercer con justeza y para evitar luego los cargos de consciencia”. En tal caso, “otros hagan, y en otra ocasión, la cuenta de los yerros, que nunca será tanta como la de las grandezas”, como diría Martí. (1).

José Martí: “Céspedes y Agramonte”, Obras Escogidas, Tomo II, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p. 234. Artículo aparecido en “El Avisador Cubano”, Nueva York, 10 de Octubre de 1888.

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Darilys Reyes Sánchez

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