Cienfuegos de verde Elefante

1 junio, 2011 at 1:08 pm Deja un comentario


Fotos: Ismael Francisco

Otra vez privaron al elefante  de su titularidad en el terreno: después de mucho batallar en casa por su retorno, la Comisión Nacionalde Béisbol decidió la partida negando su presencia en los uniformes  en la Seriede Oro de la pelota cubana. Desde arriba, sin derecho a réplica, congelaron la porfía.

Por falta de argumentos no fue: más de 80 años con nombre propio en una práctica nacional figuró como razón de peso en respaldo a la petición. La negativa de cambios en los trajes en pos de la identidad,  proveedores en el extranjero o falta de recursos tampoco funcionaron como excusa pues durante la contienda todos los conjuntos lucieron el eslogan de la 50 Serie en sus casacas. Simplemente, el elefante “no es oficial”.

La dirección de deportes en la provincia,  la prensa en todas sus expresiones, el estadio y los peloteros defendieron durante meses el regreso a la grama del trompudo. Surgieron las propuestas de diseñadores y caricaturistas en pos de un cambio de logo, posible, como hicieron ver, y que al final sólo quedó en trámites.

Pero no será ahora cuando merme la defensa y apego al mismo: después de varios trueques entre Camaroneros, e incluso Marineros, las “voces autorizadas” de la narración y el periodismo deportivo en el país reconocieron a los sureños como los Elefantes del centro, esos de paso aplastante y no tan lento.

A ese ritmo enfrentaron los jugadores dela Perladel Sur la temporada, guiados por la ya establecida filosofía del juego a juego de su manager. Les tocó demostrar que hasta el podio no llegaron soñando y que apuestan por el hecho de lucir, tarde, pues temprano ocurrió el magnicidio, al trompudo de orejas grandes sobre la manga izquierda del uniforme.
DE RECORDS Y OTRAS HAZAÑAS
Hasta aquí nada estuvo escrito: ningún elenco del centro sur alcanzó jamás las 59 sonrisas en el clásico nacional, siquiera aquella manada de Elefantes liderada por Narciso Ferrer ocho años atrás. Esos acariciaron por primera vez el sueño de la postemporada, pero los paquidermos actuales presagiaron mayores empeños desdela Serie49 y, por si quedaban dudas, se construyeron un historial propio en la edición de oro del pasatiempo cubano.

En la cima de Occidente barritó desde el inicio de la campaña el elenco verdinegro, primero en conseguir el boleto a la clasificación. Los Elefantes, más ganadores de la etapa, acumularon una cota inalcanzable para los Industriales, quintos de la llave Oeste y esperaron tranquilamente por el acomodamiento de los rivales.

En lo individual temblaron las marcas: otra vez el zurdo Norberto González encabezó la lista de lanzadores, ahora con 13 victorias, quedando a una de igualar el récord para un pitcher cienfueguero (14) aún en manos de Adiel Palma. Para el apagafuegos Duniel Ibarra resultó pequeña su marca de salvamentos (14) en la campaña anterior y acaparó el premio mayor en Series Nacionales con 27 socorros.

José Dariel “Pito” Abreu coqueteó conla Triple Coronade bateo durante la campaña, pero las lesiones y ausencias le privaron de la cima en las carreras impulsadas. No sucedió así en cuestiones de averaje y jonrones, en este último igualando el tope de 33 impuesto por el granmense Yoenis Céspedes, a quien superó por menos veces al bate.

Descartado cualquier antecedente, quedará constancia estadística de esta novena al rememorar el paso de los Elefantes por las Series Nacionales. Razones y momentos dejaron en el terreno en su finalidad de reescribir la historia.
DONDE HAY DESQUITE…
Dónde los parciales cienfuegueros escucharon el rumor, no lo sé, lo cierto es que desde su llegada a San José inundaron las calles con un “oye, se murió Lombillo” y a ritmo de conga invitaban a todos al “entierro”. Atrevida parecía entonces la celebración de los visitantes, máxime con el resultado del play off anterior entre Vaqueros y Elefantes, pero en cuestiones de rivalidad beisbolera esta vez ni el río, ni los tambores, sonaron en vano.

Impasibles ante la provocación, los lugareños  pronosticaron desde las aceras una segunda barrida a favor de los suyos. Confiados presentaban el rojo vino como enseña de triunfo; mas olvidaron que la sabiduría popular niega el doble tropiezo contra una misma piedra y las del “Nelson Fernández” no serían la excepción.

Aún separados por recientes fronteras, mayabequeros y artemiseños coincidieron en pos de la pretendida debacle sureña y la condición de home club les permitía el mayoritismo. Desde las gradas los verdinegros carecían incluso del beneficio de la duda: ahorcados, apaleados y hasta cabalgados lucieron los paquidermos en los carteles y la falta de “bomba” fungía como mejor argumento para la derrota.

Pero los seguidores de la manada pelotera no viajaron tantos kilómetros para minimizarse en patio ajeno. Acaloramientos más, en igual medida el entusiasmo, la tropa de apoyo sembró el verde en las fértiles tierras del Mayabeque y, para mayor proeza, hicieron posar al controversial Jonder Martínez con Luisito, el elefante y la escoba, mediando siempre la suspicaz pregunta: ¿quién guapea ahora?

En mutis permanecieron los cencerros habaneros, esos que tan bien repiquetearon en los predios del “5 de Septiembre”. Ahora no tuvo lugar el tolón tolón de “La vaca lechera” en los turnos al bate de Osvaldo Arias, tampoco acompañaron con los acordes de “La cucaracha” al Grillo, ni la marcha fúnebre escoltó a José Dariel en sus comparecencias al cajón. Para los anfitriones reverenciar la casaca color esperanza figuró como única salida, o en su defecto, desfilar hacia las puertas de su estadio.
APASIONAMIENTOS APARTE
Como uno de los compromisos más balanceados se presentaba el play off entre el Habana y Cienfuegos en esta Serie de Oro de la pelota cubana. El dominio desde la lomita distinguía a los primeros y el poder ofensivo caracterizaba a los segundos, pero otra vez la balanza cayó de un solo lado en San José, ahora con un sustancial cambio de protagonistas.

De forma convincente, casi rayando en términos de abuso, la batería de los Elefantes castigó al pitcheo más estelar el país, lejos de su mejor cara para la ocasión. Se reescribía así la historia del campeonato anterior, aunque para los dela Perladel Sur todo transcurrió como en un desafío común: buscar la victoria hoy, mañana será otro día.

La rivalidad estuvo latente y hasta en lo personal el desquite tuvo su espacio: “Me conectaron en Cienfuegos pues actué muy pasivo – recordaba el rapidísimo lanzador Nolevis Entenza. Ahora las cosas fueron diferentes porque salí más agresivo”.

“Teníamos la experiencia del año pasado y nos preparamos en espera de la oportunidad –acotaba el receptor Osvaldo Arias, con experiencia en las tres postemporadas del Cienfuegos. En lo personal me encuentro en un buen momento, como también los demás bateadores de fuerza del equipo y sin dudas eso sirvió de mucho”. Otro de los veteranos en dichas lides, el camarero Adriano García, definía la fórmula exacta para próximos empeños: “La clave radica en el juego rápido – aseguraba. Eso nos permitirá la victoria en cualquier etapa del play off que disputemos”.
DE VERDE LA “LOCA” SEMIFINAL DE OCCIDENTE
La Serie estuvo loca, no quedan dudas. Quizá fue la fiebre del oro o tal vez las alucinaciones de los 50, lo cierto es que nadie, sin temor a equivocaciones, tuvo en sus pronósticos a Granma, Ciego de Ávila, Pinar del Río y Cienfuegos como los semifinalistas de la pasada campaña beisbolera.

La sorpresa dominó a muchos, pues la lógica mostraba a los Indios como domadores de Alazanes; Anaranjados despojando de sus rayas a los Tigres; a los Gallos fumando en Vueltabajo y Vaqueros en repetido escobazo a los Elefantes; y nada más distante de la realidad en la postemporada.

Ni los números, ni los nombres definieron los boletos para las semifinales pues fue el empuje quien movió mejor las fichas.De atar estuvo la postemporada, pero amarras merecen quienes vaticinaron resultados en su transcurso. Jugar a ser Dios dictando futuros ya mereció a muchos al castigo de las lamentaciones.

Sólo Pinar del Río dio guerra a los cienfuegueros por el Occidente durante la campaña regular y con empate a tres concluyó el choque entre ambas selecciones. Sin bien los del centro sobresalían en varios apartes de juego, el coraje suplió carencias y eso no le faltaba a los pupilos de Alfonso Urquiola.

Para los Elefantes la velocidad en función de la ofensiva devenía una vez soporte para próximos desafíos. Sobraba confianza en el accionar de los verdinegros madero en ristre, en su desempeño monticular y defensa, inobjetables razones  para dejar a los contrarios el beneficio de la preocupación.

Vestía de esperanza la semifinal de Occidente y quedaba al amarillo y al negro definir mayorías entre los parciales de los Pativerdes y los Elefantes. Coincidencia, quizá destino, también el desagravio matizaba el camino de los estos últimos: ya tuvieron su oportunidad frente al Habana, pero aún quedaba la espinita del 2003 ante Pinar.
EL CAPITÁN SAN LUIS: PLAZA DIFÍCIL
Primero vino la frustración, cómo negarlo: seguir a un equipo fuera de Serie, completo, estable; cifrar en él todas las expectativas, incluso las superadas y verlos caer inobjetablemente en una de las plazas con más tradición, y menos clemencia, entre todos los escenarios del pasatiempo nacional.

Muchos comprendieron el sentir, pero pocos lo experimentaron: el Capitán “San Luis” cayó sobre la manada de Elefantes sin asomo de misericordia. En el terreno comenzó la debacle y la tregua nunca figuró como opción: estábamos en el bendito lugar de los ensañamientos.

Ante semejante hospitalidad prevaleció el agradecido optimismo de Erisbel Arruebarruena, el Grillo: “La semifinal regresa a Cienfuegos, no lo duden”. En pos de concretar dicha afirmación el rapidísimo Nolevis Entenza buscaba su oportunidad: “yo vine hasta aquí a lanzar, no a comer ni a estar en el banco”.

Desde la vociferada homosexualidad hasta el insultante recuento de los ancestros versaron las ofensas de las gradas. En la cara te escupían la victoria como merecido insulto por la osadía de ser, y estar, en un sitio reservado para los de “historia”. No había derechos para Elefantes en tierras de tabaco.

Suicida fue la defensa cuando los insultos copaban el ambiente y tampoco los resultados justificaban el intento. A criterio de los “expertos” la barrida era inminente y descabezados saldrían de Vuelta abajo los paquidermos, “don nadie”, “desconocidos”, llegados hasta allí sólo por “casualidad”… y poca justicia se hicieron los verdinegros en aquella grama.

Entonces tenía sentido la repetida alabanza a la disciplina y cordialidad de la afición cienfueguera: su entusiasmo sano, el respeto al rival e incluso el aplauso cuando su actuación lo ameritaba. Todo eso estaba muy distante de aquella realidad. La comprensión rayaba en la añoranza cuando la lógica imponía abandonar tan cruel bullicio. Bajar la cabeza nunca estuvo entre las opciones y como último recurso se defendía a un “¡Cienfuegos, campeón!”, contra todo pronóstico.
TERCEROS, NO VENCIDOS
¿Pudieron llegar más lejos?, quizás; lo cierto es que hasta hoy ningún equipo defensor de la franela verdinegra del Cienfuegos logró tamaña proeza. En los pronósticos figuraba el tercer lugar, y así lo defendieron técnicos y atletas en entrevistas previas, mas la novena sureña empujó a soñar en grande y resulta injusto devolverlos como villanos de esta pesadilla.

¿Falló el pitcheo? ¿la ofensiva? ¿la defensa? ¿las tres en cierto momento? Ya no cuenta. Asociar nombres y errores tampoco resume la esencia del quehacer de ese equipo, culpable sólo de resucitar pasiones propias en el pasatiempo nacional.

¿Asumió antes la ciudad el tono esmeralda a ritmo de bolas y strikes? ¿Tuvieron los pequeños del barrio héroes en casa como los ahora exaltados Pito, Osvaldo o Puig? … Incluso el estadio que los vio caer vivió sus mejores momentos en la pasada campaña gracias a su talentoso barritar.

En boca de todo el país estuvieron durante la temporada; cambiaron la historia de provincia en el quehacer beisbolero dela Islay, por si fuera poco, consiguieron sobre el terreno lo que años de esfuerzo periodístico e institucional no alcanzaron a plenitud: devolver ala Perladel Sur el Elefante, fuerte, convincente, como otra de las mascota de peso dentro del espectáculo pelotero.

Desechado ya cualquier paradigma, fue el elenco dela LSerieNacional, la de Oro, el que estableció la cerca a superar para próximas Mizunos. Como colectivo, inmejorables, y en lo individual, varios nos levantarán del asiento muy pronto defendiendo los uniformes de Cuba en la arena internacional.

No es tiempo de inquisiciones; sino de fiesta y agradecer a los pupilos de Iday Abreu figurará en la agenda de los más consecuentes.  Pendientes por superar, muchos, uno de ellos con nombre Pinar del Río, pero dediquemos espacio ahora al agasajo, sin dudas lo merecen esos Elefantes, exponentes de un mañana en el diamante para Cienfuegos.
VINDICACIÓN A UN GRILLO
“El rolling que pifió Erisbel Arruebarruena lo pifiaban Germán y Giraldo, Willy Miranda y Ozzie Smith. No le quedaba otra que ir hacia delante, y la bola dio un bounce brusquísimo y artero. No es su culpa”. Así reseñaron la polémica jugada algunos medios de prensa digital del país y con ese criterio coincidieron cientos de lectores de todas partes dela Isla. Nofue el CINCO, ni Radio Ciudad de Mar o Perlavisión, pero cualquier semejanza con similares criterios  tampoco responde a la coincidencia.

La frustración, la esperanza trunca, el sueño roto en su mejor parte llevó a muchos a volcar sobre “El Grillito” Arruebarruena todo el peso de la derrota. ¿Fue en realidad un error? ¿Dependió sólo de eso el descalabro? ¿Merece el torpedero sureño cargar con tamaña culpa?

“Nadie en el equipo piensa eso –asegura el jardinero Yoelvis Leiva, capitán de los Elefantes. Perdimos el juego al dejar demasiados corredores en bases, al no batear, en fin, no hicimos lo que nos tocaba. Para perder un play off se requiere caer en cuatro partidos y eso no lo definió el “Grillo””.

“En el llamado error que tantos cuestionan la única forma de ponerle out al corredor era desplazándose como él lo hizo, sobre todo a León, que es muy rápido –comenta el coach de tercera Bárbaro Marín. No pudo retener la bola, esa fue la parte negativa de la historia, pero hizo las cosas bien, y esa es la parte positiva. “Me atrevo a asegurar que varios torpederos del país habrían corrido igual suerte. Contra las deficiencias del terreno nadie puede – insiste Marín. No podemos ser injustos con el muchacho, menos cuando fue, junto a Lázaro Rodríguez, el mejor jugador del equipo en el play off. En la postemporada, como algunos habrán notado, su rendimiento fue muy superior al dela Serie”.

“Siempre queda la última imagen y ello responde al desarrollo de etiquetas en nuestra sociedad: todo es bueno o malo, dulce o salado, blanco o negro, sin más opciones – añade Rodney Ayala, psicólogo del elenco verdinegro. La afición espera mucho de “El Grillo”, lo miden con la misma regla que a jugadores más experimentados porque su juego vistoso así lo permite, mas olvidan que es muy joven aún.

“No todas las frutas de un árbol maduran al mismo tiempo y eso no constituye una justificación –aclara Rodney. Debe mejorar en muchos aspectos, por supuesto, pero no es bueno limitarse a un resultado, ¿dónde quedaría entonces el proceso?”.

Lastimosamente a pocos asombró la ausencia de Arruebarruena a varias de las actividades en honor al equipo celebradas por estos días. Ese fue el método que prefirió en pos de expiar las faltas, compartidas y también ajenas, e incluso una eventual retirada de un deporte donde tiene todo para brillar. No es justo, siquiera permisible, dejar a un Grillo la responsabilidad del accionar de una manada de Elefantes, menos a este, que tanto dinamismo y elegancia aportó a los saltos hasta aquí experimentados.

De momento, “Siempre que me toque lanzar, quiero a Arruebarruena en el campo corto –declara el olímpico Norberto González, quien a la postre sumó a su récord el revés del mentado desafío. Esta vez llevó la peor parte, es cierto, pero ¿cuántos juegos no me ha salvado?”.
LA GRANDEZA DEESTE EQUIPO
“La estabilidad del equipo durante la temporada lo convirtió en el mejor entre todos los inmersos enla SerieNacional, y no lo digo yo, sino las estadísticas, los medios de prensa y demás –explica Iday Abreu, conductor de la emprendedora manada de Elefantes. En eso influyó la manera de jugar y la solución dada a cada problema durante una larga campaña como la nuestra. “Por citar un ejemplo: con la estructura existente 20 años atrás, a estas alturas Cienfuegos ya sería campeón – señala el manager de la novena sureña. En ello radica parte de la grandeza de estos muchachos, quienes superaron cualquier actuación de un elenco de la provincia en el clásico de la pelota cubana. “La etapa de los play off es otra cosa –continúa Abreu. Consiste en disputar un campeonato en 10-15 días, donde no hay tiempo para rectificar: o haces las cosas bien o pierdes. Pero independientemente del factor psicológico, fortalezas a debilidades, el conjunto posee las óptimas condiciones para asumir cualquier reto en el futuro, no por gusto llegaron hasta aquí. “Caracterizando al Cienfuegos en la actualidad, en mi opinión, merecía estar  entre los tres primeros del campeonato. Era un objetivo personal –insistía Iday. Nunca se los hice ver a ellos, porque siempre los responsabilizo sobre el juego diario, la necesidad del éxito de cada acción sin pensar en el resultado global. “Cuando terminamos el noveno inning miramos la pizarra: si estamos arriba, ganamos, es lo que siempre le he inculcado a mis atletas –reconocía. Pero sin dudas, por el desempeño hasta aquí y la evaluación hecha a los demás seleccionados, los muchachos están aptos para llegar a mayores empeños”.D:\Trabajos entregados\Darilys\Cfgos-Habana\20110330IFGA_ (10)

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El jonronero del banco

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Darilys Reyes Sánchez

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