Pasiones que emergen del salitre (+ Video)
1 agosto, 2011 at 3:44 pm 1 comentario
“Yo mismo lo saqué del astillero en 1986 – y en ese momento se apretó el cabo entre Víctor Bazoa Herrera y el Ferrocemento CEN 18, una de las embarcaciones que remonta la bahía sureña para acortar distancias entre la ciudad de Cienfuegos y la CEN.
El maquinista Fidel Cabrera y el marinero Vidal Montero completan la familia, junta desde entonces” –continúa Bazoa y si la sangre hala, como dice el refrán, también el mar tiene sus mañas y por él algunos asumen adeudos sin que medie en ello exigencias o desganos:
“Soy uno de los damnificados de los últimos ciclones – acota como anécdota Bazoa Herrera. Mi casa se derrumbó casi completa; sin embargo, cuando anuncian huracanes o tormentas dejo a mi esposa e hijos y salgo con mis compañeros a proteger el barco en el Caletón de Don Bruno, en las cercanías de Cayo Carenas.
“Allí pasamos el temporal – continúa el hombre que desde 1971 siente el batir de las olas contra una proa. En ese refugio muchas preocupaciones rondan: cómo estarán los nuestros, cuáles serán los daños; pero navegamos de retorno en la calma con la embarcación a salvo, lista para prestar el servicio necesario”.
El más grande entre sus similares en funciones, con una capacidad de 180 pasajeros, el Ferrocemento sufrió los embates del tiempo, la falta de recursos e iniciativas humanas. Casi queda en olvido su bregar por las aguas de revienta cordeles del sur, de no ser por la perseverancia y firmeza de su tripulación:
“Querían hundir la nave – y aún persisten síntomas de inconformidad al recordarlo. Estaba en mal estado y por ello EQUITAR, empresa a la cual pertenecíamos en aquel momento, tomó tal decisión. Tampoco era culpa de ellos, en realidad no tenían capital para las reparaciones. 
“¿Has visto cómo hunden un barco? – pregunta Víctor a sabiendas de la eventual respuesta. Es un espectáculo triste: los mismos tripulantes abren huecos con mandarrias en la bodega y salen justo a tiempo para que los recoja otra nave y ver cómo desaparece la suya en el agua. Eso sin contar todos los trámites y papeleo del proceso.
“No queríamos sucediera así con el Ferrocemento – asegura Bazoa. Por eso nos sentábamos disciplinadamente frente a las oficinas de las personas con autoridad sobre el tema y de ahí salíamos para el muelle junto al barco. Los vecinos de El Castillo nos apoyaron mucho en aquel entonces.
“Así estuvimos dos años hasta que nos pasaron para el Ministerio del Transporte como una vía de salvar la nave –continúa Bazoa. Cuando la trajeron al astillero para las evaluaciones correspondientes y la observé así desarmada pensé: “ay, mi madre, si lo ven así se arrepienten”. En realidad no resultó tan crítico: los mayores problemas radicaban en la cubierta, porque el casco estaba casi intacto”.
Desde hace tres años un nuevo capítulo alarga la historia del Ferrocemento: completamente recuperado, a pesar de las roturas recientes, persiste como la nave más segura y cómoda de la transportación marítima en Cienfuegos. La voluntad y entrega de su tripulación lo mantienen a flote, por una de esas extrañas pasiones que emergen del salitre y llenan la vida de los hombres de mar.
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1.
Juan Clark | 7 agosto, 2011 en 11:51 pm
Es el unico ferro que existe en la actulidad de aquellos tantos que se construyeron en el astillero de ferro de Cfgs para llevar a los trabajadores de la CEN y que fue hace unos pocos anos remodelado para prestar servicio en el traslado de pasajeros Castillo-Cfgs.Es increible como esa tripulacion cuido esa embarcacion. Merecen un reconocimiento!!!!